Odznaczenie Uniwersytetu Juan De Castellanos en Tunja 21 II 2010- Kolumbia



Condecoración en la Universidad Juan de Castellanos en Tunja, el día domingo 21 de febrero de 2010

 

Excelentísimo Señor Luis Augusto Castro Quiroga, Arzobispo de Tunja,

Excelentísimo Señor Aldo Cavalli, Nuncio Apostólico de Su Santidad,

Padre Doctor Enrique Pérez, Rector de Universidad Juan de Castellanos w Tunja,

Estimadas Autoridades Civiles de Tunja,

Apreciados Académicos,

Queridos Estudiantes,

Señoras y Señores,

 

 

Las Autoridades de esta importante Universidad decidieron concederme la condecoración "JUAN DE CASTELLANOS" EN EL GRADO GRAN CRUZ, COMO MÁXIMA DISTINCIÓN HONORÍFICA de esta Fundación. Agradezco mucho este gesto generoso, lo acepto con humildad, pero también en señal del compromiso mutuo con el ideario de las enseñanzas de Juan Pablo II el Magno. En consecuencia, me gustaría compartir con ustedes algunas consideraciones.

 

La fama de Juan de Castellanos, quien inspiró el nombre de esta Universidad, se debe en primer lugar al hecho de que es autor de Elegías de varones ilustres de Indias, y en segundo lugar, porque fue un verdadero humanista y un hombre de letras quien contribuyó de manera admirable a los inicios de la literatura hispanoamericana. A su obra se refieren los estudiosos de la literatura, además de Colombia y Venezuela, también de Puerto Rico, República Dominicana, Cuba Jamaica y Trinidad. Fue cronista e historiador, pero sobre todo, hay que destacarlo, fue sacerdote.

 

Hoy muchos olvidan este su principal servicio, pero nosotros queremos destacarlo porque supo equilibrar en todas sus actividades su fe y su conocimiento. Uno de los grandes lemas de Juan Pablo II fue el de razón y fe; insistía reiteradas veces en su promoción. Estamos en una universidad donde este lema constituye la razón de su funcionamiento y estoy convencido de que es así. No obstante, es importante reflexionar un poco sobre su significado. La Iglesia siempre promovía el interés por desarrollar el conocimiento, fue la promotora de la fundación de las universidades y su mecenas desde hace siglos.

 

Por esta razón, celebro que también esta Universidad continúa la gloriosa tradición. Es una universidad joven, pero que cada año afianza sus objetivos y logra un creciente reconocimiento en esta hermosa y noble región de Boyacá y de Colombia. Ciertamente, en poco tiempo su influencia trascenderá las fronteras del país y seguirá demostrando que la fe no se opone a la ciencia. Esta Universidad consolida la concepción de persona humana, ayuda en la búsqueda del bien común y ejerce una influencia positiva en las relaciones sociales.

 

Karol Wojtyla fue un hombre de la Universidad en el pleno sentido de esta expresión. A los 18 (dieciocho) años de edad comenzó con entusiasmo sus estudios de filología polaca en la Universidad Jagellona de Cracovia, la más antigua en esta parte de Europa, fundada en 1364 (mil trescientos sesenta y cuatro) y donde, entre otros, estudió Copérnico. Pero un año después estalló la II Guerra Mundial y los hitlerianos, pretendiendo eliminar la cultura polaca, entre sus múltiples medidas, cerraron las aulas de esta Alma Mater, apresaron a ciento ochenta y tres profesores y los encerraron en el campo de concentración de Sachsenhausen donde muchos perecieron. Sin embargo, en 1942 (mil novecientos cuarenta y dos) empezó a funcionar la Universidad clandestina. A pesar de la estricta prohibición de los ocupantes, exponiendo sus vidas, unos ciento cuarenta docentes y novecientos estudiantes retomaron sus cursos. Entre ellos, estaba Karol Wojtyla, quien en 1942 (mil novecientos cuarenta y dos) respondió al llamado del Señor y se convirtió en el alumno del seminario Arzobispal.

 

¡Cómo no recordar que en esos años de querra, Karol Wojtyla - para proteger su vida y no ser enviado a los trabajos forzados en Alemania - estaba trabajando como un obrero raso, al principio en una cantera y, luego, en la Fábrica de químicos Solvay! Nota bene, en estos terrenos hoy se está construyendo el Centro Juan Pablo II. Acerquemos esta imagen de un muchacho huérfano, a quien unos meses antes dejó solo el último miembro de su familia, su padre. El joven Lolek, como lo llamaban familiarmente,

a pesar de la penuria, el reinante terror, el duro trabajo físico y con un admirable valor, buscaba el tiempo para estudiar. Terminó sus estudios después de la guerra y continuó los estudios de doctorado en Roma y volvió a seguir estudiando en la real Cracovia.

 

La Providencia Divina permitió que Karol Wojtyla, antes de quedar cerrada la Facultad de Teología, recibiera, como el último graduado, su diploma de segundo doctorado. Seguía enseñando en Cracovia y se vinculó a la Universidad Católica de Lublin. No interrumpió su actividad académica ni siquiera cuando fue nombrado obispo auxiliar de Cracovia. Era un hombre, de verdad, académico. Recordemos unas frases del joven profesor de ese histórico año de 1958 (mil novecientos cincuenta y ocho): "el trabajo científico ya dominó demasiado mi conciencia. Otra cosa que no sé cuánto tiempo encontraré ahora para él". Más adelante agregó: "Estoy decidido a luchar por él. El episcopado es una herencia inapreciable de los Apóstoles, sin embargo, los obispos tienen que vivir en la época de la ‘ideología cientifica' " . Su declaración se hizo realidad. Karol Wojtyla durante años y años, a pesar de sus múltiples obligaciones diocesanas, viajaba semanalmente en tren entre Cracovia y Lublin, sin preocuparse por las incomodidades que esto implicaba.

 

Quiero insistir en este momento en dos rasgos que caracterizaron siempre su vida: primero, la coherencia de su vida: sus palabras y sus actos constituían una unidad; segundo, todo sacrificio lo realizaba con amor, con amor al prójimo y a Dios. Es un magnífico ejemplo para los universitarios, tanto los profesores como los estudiantes, especialmente en nuestra época minada por la búsqueda de facilismo y de placer. Juan Pablo II el Magno nos demostró que la santidad es posible, pero exige esfuerzo y entrega de parte del hombre. No lo podemos descuidar en la educación superior. Un científico de hoy, también un profesional, debe caracterizarse por la excelencia de sus conocimientos pero su fe, cuando es viva le ayuda a aproximarse a la santidad.

 

Apreciados amigos reunidos aquí, el modelo de vida que Juan Pablo II el Magno nos dejó en su legado es un tesoro vivo que debemos imitar y promover en la sociedad. Ante la crisis de los valores que aqueja el mundo de hoy, esta es una verdadera respuesta. La fe y la razón son sólidas piedras angulares de toda universidad y estimo mucho que también lo son en esta pujante Universidad Juan de Castellanos en Tunja.

 

Para terminar, quiero reiterar a las autoridades de la Universidad, a su claustro de profesores, a sus funcionarios y, sobre todo a los estudiantes, que los ideales que rigen esta Alma Mater sigan floreciendo y les den a todos abundantes frutos.

 

Una vez más quiero agradecer por esta bella distinción con que me honraron. ¡Que la Virgen de Topo, patrona de esta colonial y bellísima ciudad de Tunja los siga iluminando en sus tareas educativas diarias! ¡Que Dios los bendiga!

 

 

Stanislaw Cardenal Dziwisz

Arzobispo de Cracovia

 

 

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